Sonó el despertador,
y estaba por llegar la pesadilla.
La sangre salpicó el televisor
mientras me desplomaba en una silla.
Se derramó una lágrima en la taza del café,
que se enfrió, que no tomé.
Y se colgó en mi corazón
un lazo negro de desolación
cuando empecé a escribir esta canción.
Hoy, que estamos huérfanos de fe,
que no hay respuestas al por qué,
que todo está en segundo plano,
Madrid se ha vuelto tan cercano.
Hoy, que no hay lugar para el consuelo,
que llora el niño y el abuelo,
que salen trenes…
que salen trenes para el cielo.
Se derramó una lágrima en la taza del café,
desde Granada a Santander.
¿Quién nos curará de las heridas recibidas,
de las malas jugadas de la vida?
Hoy, que sin razones se aniquila,
hoy, que la muerte va en mochila,
que los relojes se han parado
a la hora de los atentados.
Hoy, que suena un móvil sin respuesta,
que dan la vuelta a las encuestas,
que hay lugar para la gesta.
Que un mar humano grita ¡basta!
que saca el corazón su casta,
que somos de la misma pasta.
Que no hay lugar para el consuelo,
que llora el niño y el abuelo,
que salen trenes…
que salen trenes para el cielo.
Que salen trenes…
(José Francisco Córdoba, "Trenes para el cielo", 2004)





























Eso es lo que es usted, Sr. Zapatero, un cobarde, un sinvergüenza y un traidor. Y le voy a explicar por qué. Primero leed vosotros, amigos de este blog,
Queridos amigos,