
¡Muy buenos días, queridos amigos!
ESPAÑA CAMPEONA DE EUROPA. Así, como suena. Ni gafe de Zapatero, ni "jugamos como nunca y perdimos como siempre", ni zarandajas por el estilo. España jugó bien, ganó todos los partidos que disputó y acabó alzándose con el triunfo después de 44 años. Aún estoy acusando los efectos de la fiesta de ayer, la cual quiero compartir, siquiera en parte, con vosotros. Pero no sólo desde el punto de vista de una española eufórica, sino desde el de alguien que desde ayer admira aún más, si cabe, al pueblo alemán. Permitidme que os cuente cómo viví ayer la victoria de España en "territorio comanche".
Vi el partido junto a otros españoles en una pantalla gigante instalada a tal efecto en la plaza de mi ciudad, en un recinto cerrado al que se accedía después de un mega-control policial. 10,000 personas (de los cuales un 1% serían españoles, je) y muchas ganas de pasarlo bien. Acabado el partido, cuando ya los alemanes si iban marchando, la "marea roja" acabó concentrándose frente a la pantalla a bailar toda música que nos ponían: "La Bamba", "La Macarena", y una bandera española a todo tamaño en la pantalla. Estuvimos allí unas 2 horas. A propósito, que para aquellos que me conocen, sí, lo volví a hacer: al acabar el partido me improvisé una camiseta (o, ejem, top) con una bandera española que encontré por ahí.
(Que por cierto, antes del partido se nos hizo subir a los españoles al escenario instalado allí a decir unas palabras. Fair play, que dirían algunos; no sé si fue por deportividad o porque nos consideraban dignos de admiración por meternos allí a dar voces entre miles y miles de alemanes. Total, que allí estábamos unos 10-15 españoles, subidos a un escenario ante miles de personas cantando el "A por ellos, a por ellos", "Que viva España" y demás.)
Más cositas: los turcos, curiosamente, iban todos con España. En parte porque Alemania les había ganado y había cierto rencor, je, y en parte porque tras aquel Alemania-Turquía se habían producido graves altercados en Berlín por culpa de 4 neonazis a los que les dio por quemar un par de establecimientos de Döner Kebab. En fin.
Mucha gente me llamó después del partido para saber si estaba viva o por el contrario iba de camino del hospital. Pues veréis, he de decir, y aquí es a donde quiero llegar, que ayer admiré mucho más aún si cabe al pueblo alemán, pues jamás había visto semejante muestra de deportividad por parte de la aficción del equipo perdedor. Hubo alguno que otro que nos miró mal (especialmente tras el gol de Torres) e incluso dimos con un par de subnormales que durante la segunda parte estuvieron vomitando rebuznos acerca de los españoles y los inmigrantes. Pero os aseguro que desde que pitó el árbitro el final del encuentro hasta que salimos del último bar a las (¡ay!) 4 de la madrugada, no dejó de acercársenos gente a darnos la mano, felicitarnos, abrazarnos y tomarse una copa con nosotros. Hubo quién incluso cambió su camiseta blanca de la selección alemana por "la roja" con algunos de nuestros amigos (nadie, cosa extraña, quiso cambiar conmigo la bandera-top). En fin, que acabé la noche rodeada de gente, alemanes y españoles, con mi top-bandera (y mi falda-bandera, por supuesto) agitando una banderita alemana y abrazada a no-sé-quién, cantando el "We are the champions" que el pinchadiscos del bar nos puso a todo volumen.
A propósito, para todos los que piensen que la camaradería alemana ayer se debió a la ingesta excesiva de cerveza, he de deciros que esta mañana en mi empresa se ha abierto la junta de los Lunes con una felicitación por parte del director y un aplauso para España en general y para mí en particular.
Viendo el comportamiento de la aficción alemana anoche (y esta mañana) me quito el sombrero ante ellos y me reafirmo: es una gente digna de admirar. Esto es lo que yo llamo fair play, y tener clase de los pies a la cabeza.























Y que viva la
¡Muy buenas tardes, amigos!