"¡Traición, traición, se llevan al infante! ¡Traición!"
Un impulso visceral nacido de la indignación, un "¡ya está bien!" pronunciado en un momento en el que la situación para decenas de miles de españoles era ya insostenible. Un grito desgarrador al que cientos de voces se sumaron. Una revuelta, un pueblo desarmado sin nada que perder pero mucho que ganar. Una carnicería en las calles de Madrid, una represión. Una tiranía. Una Guerra de Independencia, una victoria. Un pueblo del que sentirse orgullosos.

Esas frases tan sencillas son algunas de las que me vienen a la cabeza esta mañana del 2 de Mayo en la que conmemoramos el bicentenario de aquella revuelta popular que tuvo lugar en las calles de Madrid contra el tiránico invasor francés. Aquel día el pueblo de Madrid fue masacrado, pero fue el principio del fin. Del fin de la ocupación francesa, del fin de la tiranía de aquellos que pensaron que podrían someternos a su voluntad.
Aquel 2 de Mayo de 1808 no fue la familia real la que se rebeló, ni los ministros, ni la plana mayor del ejército, ni los alcaldes. No, aquel día fueron los desheredados: jugadores, prostitutas, maleantes, comerciantes, borrachos. Lo más bajo de la sociedad cogió lo poco que tenía, cualquier cosa que fuera susceptible de ser usada como arma: tijeras, rodillos, navajas de afeitar; los más afortunados pudieron hacerse con armas de la época de Carlos V que desde hace décadas pendían de las paredes de sus casas. Todos ellos se lanzaron a las calles sin saber muy bien cómo a defender lo único que los franceses no habían podido arrebatarles: su dignidad. Y en medio de esa vorágine, 2 valientes: los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde, que desoyendo órdenes, se unieron a la insurrección, acuartelándose en el Parque de Artillería de Monteleón, y defendiéndolo hasta la muerte.
Hoy es el día de la Comunidad de Madrid, el día de España. El día en en el que la gente dijo "¡hasta aquí hemos llegado!". No importaba perder la vida, pero importaba y mucho defender la dignidad de un pueblo. Días como hoy, da gusto sentirse parte del pueblo español.
¡FELIZ DÍA DEL 2 DE MAYO!