Queridos amigos del MAZP,
Concluído ya mi fin de semana en Madrid, quisiera compartir con vosotros el relato de mis peripecias. O, para ser más precisos, la crónica de mi Sábado Anti-ZP. Ya sabéis, nosotros los derechones de Monclovitas solemos quedar de vez en cuando para buscar la manera de dominar el mundo, así que con esa intención nos reunimos el Sábado y… estooooo… Vamos a ver, así no se puede empezar (a ver como salgo ahora de esta). Replanteemos.
Todo comienza el Sábado a mediodía, cuando me dirijo al Parque de Atracciones en compañía de mi chico (anti-ZP de nick no definido) a reunirme con Elentir, Jechdina, Ghanya y Leeuw. Al margen de los improperios que le dediqué a Albertophis I por hacernos dar la vuelta a medio Madrid en busca de una entrada a la Casa de Campo abierta al tráfico, todo fue bien. Estuvimos trotando cual cabritillos por el Parque, montando en todo lo montable y nos lo pasamos como enanos. A propósito, de todos nosotros la que más en su salsa estuvo fue una de mis compis del Blog Guerrero, Ghanya. Gracias a ella los demás nos dimos cuenta de que los años no pasan en balde. Os pongo aquí una foto de "El Abismo", una montaña rusa donde no todos los presentes se atrevieron a montar (CO-COOOOOOQ):

Por cierto, antes de concluir nuestra estancia en el Parque de Atracciones tuvo lugar el primer despliegue de la bandera española y la camiseta de Monclovitas. En fin, concluye la tarde y quedamos por la noche en el centro de Madrid para disfrutar de la Noche en Blanco. A la cita acuden, además de los ya mencionados, Prevost, HLH, Luke ZaPawalker y Tiomilio, que llegó al final de la cena por desgracia para él, ya que se perdió las impresionantes disertaciones filosóficas de Prevost. Pero no adelantemos acontecimientos.
En el sitio donde estuvimos cenando tuvo lugar el segundo despliegue de la bandera española. Algunos de los allí presentes han publicado en sus blogs la crónica de la Noche en Blanco (pinchad aquí y aquí para leerlas) y por alguna extraña razón se han olvidado de mencionar lo de las lecciones de papiroflexia de Prevost. Yo, a pesar de las amenazas de las que he sido objeto, quisiera mostraros el momento que mi cámara recogió de la magistral lección que nos dio el hombre, pero eso sí, las explicaciones se las pedís a él:

Al margen de las teorías de Prevost, de los múltiples brindis que se hicieron (uno de ellos por Adosinda, con la que estuvimos hablando por teléfono a media tarde) y de la inevitable mención a aquellos que ya no están con nosotros, la cena transcurrió con normalidad: algún que otro canto regional, una pequeña competición de baloncesto entre HLH y Leeuw con Prevost como adversario, el sector gallego del grupo momentaneamente avergonzado por todavía-no-comprendo-qué y algún que otro intercambio de opiniones acerca del botón power del vídeo (los que no sepáis de qué hablo, tampoco hace falta). Total, que tras concluir la cena llegó Tiomilio y nos fuimos a dar una vuelta por Madrid.
¡Ah, la vuelta por Madrid! Veréis, dicen que alrededor de millón y medio de personas participaron en la Noche en Blanco, y parece que todas ellas estaban haciendo cola ante los edificios más emblemáticos de la Capital, por lo que no fue posible entrar a ninguno, pero eso sí, hicimos muchas fotos. A propósito, habiendo recibido el soplo de que había sido colocada una estatua de Lenin en los Jardines de Sabatini, allá que nos fuimos a presentarle al buen señor nuestros respetos. Y tuvo lugar, como os imaginaréis, el tercer despliegue de la bandera española. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que por cortesía de Elentir os muestro algunos instantes de tan memorable encuentro:

¿Sabíais que la citada estatua se abre? Que cosas…
Nuestra visita a los jardines de Sabatini concluyó tras hacernos más fotos con otra estatua, la de Carlos III (aunque Prevost se fue convencido de que era la de Carlos V) y, como no podía ser de otra manera, se produjo el cuarto (y último) despliegue de la bandera española. Que por cierto, se pidió perdón a todos los que se hubieran sentido ofendidos por ello. Para que luego digan que vamos por ahí crispando.
De ahí fuimos a un bar que había por la zona, en el que hicimos lo que hacen los amigos en este tipo de locales: bailar, tomar algo y brindar. Entre los muchos brindis que tuvieron lugar destacó el llamado Macho’s Brindis, cuya explicación será publicada en breve en el blog de las Chicas Guerreras. De momento sólo diré que nuestros chicos consiguieron impresionarnos.
Finalmente, llegada cierta hora mi chico y yo decidimos dejar a esta banda de gamberros, estooooo… a este grupo de amigos, muy formales todos ellos, a buen recaudo (es decir, camino de otro bar). No sé lo que fue de ellos a partir de aquel momento, y miedo me da preguntar, pero lo que es cierto es que ellos fueron los culpables responsables de que yo pasara uno de los mejores días que recuerdo de los últimos tiempos. Tengo realmente mucho que agradecerles a todos, destacando lo siguiente: a Elentir y Ghanya que vinieran desde tierras gallegas y me dieran motivos para devolverles la visita; a Tiomilio por adelantar su vuelta a Madrid y sobre todo por no salir corriendo cuando los demás estuvimos intercambiando impresiones con Lenin; a Prevost por enseñarnos los misterios de la papiroflexia (¡y ahora vas y lo cascas!), a HLH por… por… embelesar a las féminas con el Machos’s Brindis; a Luke ZaPawalker por no dejar hablar a nadie durante la cena; a Jechdina por todo lo contrario y también por darme fuego con su mechero crispador; a Leeuw por acertar tantas canastas a pesar de la resistencia ofrecida por Prevost; y por último a mi novio, por darse cuenta de que la gente nos tomó por locos, como los muchos que se ven por Madrid. Por ello quisiera concluir esta crónica dedicándoles la siguiente canción. A todos vosotros, queridos amigos, ¡GRACIAS DE CORAZÓN!