Queridos amigos del MAZP,
Heme aquí de nuevo para convertiros en lectores de otra de mis aventurillas de este verano. Digamos que lo que me dispongo a contar consta de dos partes, como veréis en la próxima entrega. Dos caras de la misma moneda, si queréis. Pero no voy a adelantar acontecimientos. Lo primero es lo primero.
La mala educación, como todos sabemos, casi nunca tiene que ver con dinero o clases sociales, sino con las personas y con el entorno que las rodea. Si toda tu vida estás rodeado de gente que posee una cierta pauta de comportamiento, lo más probable es que al crecer desarrolles la misma pauta. Y por la imagen que encabeza este texto, podréis imaginar a quienes voy a hacer referencia. Veréis, hace unos días volví de pasar 2 fabulosas semanas con mis padres en Turquía. Contratamos el viaje en una agencia, y casualidades del destino, en un autobús de 46 plazas, 41 de ellas estaban ocupadas por catalanes y valencianos (estos últimos de Castellón, para más señas). Estoy segura de que nuestro MAZP cuenta con gente natural de estos lugares, y también conozco aquella cantinela de “no hay que generalizar”. Así que vamos a dejar claro que lo que aquí narro se trata única y exclusivamente de mi experiencia personal. Que cada uno saque las conclusiones que quiera.
2 semanas con 40 catalanes y valencianos, os decía. No os podéis imaginar lo que es estar rodeada de gente hablando catalán a todas horas, durante 2 semanas. Es su idioma, dirán muchos. Hasta ahí vale. Lo que no vale es el hecho de tenerle que repetir a la misma señora todos los días aquello de “perdone, es que no hablo catalán” y que la mujer insista, día tras día, en soltarme sus parrafadas en la citada lengua. Es más, resultaba ofensivo que por el hecho de no hablar catalán, a mis padres y a mí siempre nos dejaran solos a la hora de la cena si sobraban huecos en las mesas. Podría hablaros también del hecho de tener a un catalán a mi derecha hablando a gritos con otro catalán situado a mi izquierda (en la mesa o en el autobús), adivinad en qué lengua, como si yo no estuviera. O por poner otro ejemplo, estar sentados en mesas de 20 personas y ver como hablaban entre ellos dándonos la espalda, literalmente.
Podría seguir y seguir con los muchos y desagradables episodios que tuvieron lugar. Pero no lo haré. Mi primera conclusión de este viaje es que Turquía es un país que merece la pena visitar. La segunda, como le dije a mis padres al término de estas vacaciones, es que cosas como estas son las que hacen que la gente se radicalice. Porque aquí no hablamos, como dije al principio del post, de dinero o clases sociales, sino de MALA EDUCACIÓN.































Queridos amigos de la resistencia Anti-ZP: